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CREATIVIDAD.

UN TEMA DE NUESTRO TIEMPO. CREATIVIDAD-1

El término creatividad aparece hoy con mucha frecuencia en algunos medios, pero su sentido y valor no queda suficientemente advertido. Por nuestra parte, aunque hayamos valorado positivamente esta noción, pensamos que esta voz no debe convertirse en una especie de absoluto herméticamente cerrado al análisis crítico.

Al indagar ahora sobre el carácter histórico de “creatividad” buscamos entrar en el núcleo dinámico de su significado para recuperar y actualizar su valor dentro del discurso filosófico y de la perspectiva moderna del arte.

APUNTE SOBRE GRECIA.

Es sabido que Herodoto ya utiliza el término “agente” (poieté) para referirse a la poesía, como también el verbo “poiein”. Tales términos, a través de Platón, Aristóteles o la filosofía helenística se extenderán para entender la poesía en el sentido que tiene ahora.   Igualmente, en Heráclito y en autores del siglo V a.C. aparecen las voces “poietés”, “poíesis”, “poíema”, “poíeo” con el significado de componer poesía, que es frecuente asimismo en Platón. Y llega a significar   ”representar a alguien o algo poéticamente”, (Emilio Lledó, 1961).

El término “poiein” se refiere a un hacer del hombre en general que en Heráclito adquiere una especial vinculación con el “logos”. Un aspecto que habría desarrollado Platón al entender la poíesis no como simple poesía o composición de versos sino como actividad creadora y como un modo de sabiduría. Se trataría de un poder del que Eros hace partícipe al hombre.

Aunque la asociación entre creador (creator) y poeta se relacionó con  especulaciones judeo cristianas de carácter teológico, significativos indicios ya señalan la primitiva existencia en Grecia de una vinculación de la poesía con la magia, los ritos religiosos, el extasis y la profecía. Recordemos que Apolo, como dos mundos próximos, tuvo bajo su invocación a la poesía y a la inspiración profética. En no menor relación con la llamada poética está Dionisio, el dios de la embriaguez. Pero serán las Musas, las diosas tutelares de la poesía, las que reciban las invocaciones simbólicas de los poetas griegos.

Encontramos así que la poesía, tanto en Grecia como en otros pueblos, apunta al reconocimiento de una región fronteriza que desborda la vida cotidiana y que hace del poeta un individuo carismático.

Ya se descubre a Píndaro ejerciendo su oficio de poeta, como si se tratara de un magisterio. Hesiodo concibió su misión en la sociedad como la de un maestro o sacerdote, y se consideró depositario de un saber trascendente. Del mismo modo que después Parménides o Empédocles, sienten que su vocación poética es una suerte de epifanía de poderes sobrenaturales, como una experiencia mística que los eleva a la categoría de videntes en contacto con lo sagrado.

Si es cierto que la poesía tuvo intenciones mágicas, se sabe que también en tiempos primitivos ya las palabras se trataron como signos mágicos, y se pensaba que el que conocía el nombre de una cosa era su dueño.

Tampoco olvidemos el nombre de Moises y su relación con Egipto.

ORFEO Y LOS MISTERIOS DIONISIACOS

Según las leyendas, había maestros que dominaban la naturaleza y eran poetas con el canto, la palabra cantada, como su instrumento más significativo. En tal contexto fue especialmente relevante el tracio Orfeo, símbolo del canto. Se dice que acompañó a los argonautas en su expedición, y les liberó de los peligros mortales gracias a su canto ante el que los enemigos se rendían. Llegó Orfeo a bajar a los infiernos, obteniendo de los dioses la devolución de su esposa.

Se ha relacionado a Orfeo con el chamanismo, sacerdocio mágico extendido por todo el mundo cuyos representantes siberianos llegaron a ser muy conocidos. Los chamanes practican la magia extática. Por medio de la música, el canto y la danza se excitan hasta lograr el trance. Fueron vistos como hombres y mujeres de imaginación rebosante cuyo lenguaje era el desenfreno, consecuencia de prácticas extraordinarias. La conciencia lograba igualar el universo y se unía demoniacamente con la naturaleza. El viaje culminaba con el gozo más sublime y el horror más penetrante. Se comentó que es el estado que la serpiente promete al hombre en el paraíso, y Mefistófeles en el Fausto.

La descuartición de Orfeo por las hembras frenéticas representaría la antítesis entre poesía y delirio. Un equívoco entre entusiasmo artístico y exaltación religiosa.

El orfismo habría sido una última irrupción del extasis asiático en el mundo griego, y hasta el mismo Orfeo sería ya extraño a él al estar en el umbral que separa este culto de la historia primitiva.

Orfeo nace en la dimensión trágica. Cuando sube de los infiernos, seguido por la sombra silenciosa de Eurídice, vuelve la cabeza hacia atrás, perdiendo con ello definitivamente a su compañera. La poesía, ahora vinculada a la tragedia, expresaría el dinamismo del alma griega.

Orfeo con el sonido de su lira atraía a los animales, hacia que los bosques y las piedras vinieran a escucharle. Los grandes cantores de la leyenda son trágicos en Grecia. Pero su poesía se hace punto de partida para un nuevo culto frenético. Orfeo fue el héroe de los misterios dionisiacos, su fundador.

INSPIRACIÓN

Puede ser oportuna en este momento una nota sobre el tema de la inspiración:

En Hesíodo ya aparece, en relación con la poesía, la noción de inspiración. Se trata de un soplo exterior que infunde al que lo recibe una determinada potencia interna, la expresión poética, la voz divina. En Homero, ya los dioses insuflan el coraje la confianza e incluso el pensamiento. En Demócrito también aquellos emiten un sagrado soplo que el alma del poeta recibe, quedando así habitado por el Dios en un estado de especial entusiasmo y de fuerza; los átomos ígneos inflaman el alma del poeta, y acercándolo a un estado próximo a la locura, llevaría al máximo su capacidad creadora.

Por Guillermo Menéndez de Llano Menéndez

Es Administrador del Departamento de Arte y Filosofía

en la Asociación de las Artes Visuales de Asturias

 

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